El juego puede ser entretenimiento, pero siempre implica riesgo.
Ese riesgo depende de cuánto, cómo, cuándo y por qué se juega. Los límites se definen antes de la emoción, no durante ella.
Entiende qué significa apostar
Siempre existe una pérdida posible. El juego no es ingreso, inversión ni una forma de resolver deudas.
Define un presupuesto antes
Usa solo dinero disponible después de cubrir necesidades, obligaciones y ahorro. Si perderlo genera un problema real, no debería apostarse.
Define un límite de tiempo
Decide antes cuánto jugarás, a qué hora terminarás y qué harás después. Cuando suene la alarma, termina la sesión.
Separa el dinero importante
No uses arriendo, alimentación, salud, transporte, crédito, avances, préstamos o dinero de otras personas.
Lleva un registro real
Anota depósitos, retiros, pérdidas, tiempo y frecuencia. La memoria suele recordar con más fuerza las ganancias que las pérdidas.
Nunca persigas las pérdidas
Volver para recuperar dinero aumenta el riesgo. Una pérdida no se corrige con otra apuesta.
Evita jugar para regular emociones
Jugar con ansiedad, rabia, tristeza, culpa, cansancio o alcohol puede debilitar el control y aumentar decisiones impulsivas.
Usa barreras de protección
Límites de depósito, bloqueo de aplicaciones, pausas, autoexclusión y apoyo de una persona de confianza pueden reducir acceso impulsivo.
Observa el impacto completo
El riesgo no depende solo del dinero. Mira sueño, relaciones, trabajo, estudios, ocultamiento, irritabilidad y tiempo mental ocupado.
Pide ayuda temprano
No es necesario esperar una crisis. La prevención también es una razón válida para conversar con un profesional.
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