La infancia digital que la industrial
del juego no puede ignorar
del juego no puede ignorar
Hay un dato que resume la velocidad con que cambió la infancia en Chile: hoy el niño o niña promedio recibe su primer celular con acceso a internet antes de cumplir nueve años.
Según Kids Online Chile 2022, la edad promedio de acceso a un teléfono propio cayó desde los 11 años en 2016 a 8 años y 9 meses en 2022. En paralelo, el porcentaje de niños entre seis y nueve años con dispositivo propio aumentó de 30% a 49%.
Este cambio importa porque la vida digital ya no es un espacio secundario para niños, niñas y adolescentes. Es ahí donde conviven redes sociales, videojuegos, publicidad digital y, cada vez con más frecuencia, contenidos relacionados con apuestas online.
La legislación chilena prohíbe el acceso de menores de edad a juegos de azar. Sin embargo, distintos estudios muestran que la exposición ya está ocurriendo. La investigación Pantallas que atrapan: Radiografía del juego online en jóvenes chilenos reveló que uno de cada cuatro jóvenes declaró haber apostado online durante el último año, con una edad promedio de inicio de 15,5 años. Además, el 92% reportó haber visto publicidad de apuestas en redes sociales y plataformas digitales.
La preocupación no se limita únicamente a las apuestas online. También existe una zona gris cada vez más discutida: los videojuegos con loot boxes y sistemas de recompensas aleatorias. La Defensoría de la Niñez advierte que estas mecánicas combinan gasto económico e incertidumbre, incorporando dinámicas similares a los juegos de azar.
Esto es especialmente relevante porque, según Kids Online Chile 2022, el 85% de los niños, niñas y adolescentes ha recibido ofertas para realizar compras dentro de juegos o aplicaciones, y el 70% señala que estas aparecen de manera frecuente.
La evidencia internacional también ayuda a entender el riesgo. La OCDE señala que durante la adolescencia existe una maduración desigual entre los circuitos cerebrales asociados a la recompensa inmediata y aquellos responsables del control ejecutivo y la toma de decisiones. En simple: los adolescentes no son adultos pequeños. Son sujetos en desarrollo, más sensibles a ciertos diseños digitales basados en recompensa, urgencia e incertidumbre.
Esto no significa demonizar la tecnología ni condenar a la industria. Internet ofrece oportunidades enormes para aprender, socializar y participar. Pero sí obliga a distinguir entre entretenimiento digital y diseños que pueden exponer tempranamente a niños, niñas y adolescentes a dinámicas de riesgo.
Por eso, la conversación internacional está avanzando hacia la idea de seguridad por diseño: plataformas construidas para reducir la exposición de menores de edad a contenidos, publicidad y mecanismos que no fueron desarrollados para ellos.
Para la industria del juego, este desafío también puede ser una oportunidad. Proteger a niños, niñas y adolescentes no es solo una exigencia legal o reputacional. Es una condición para construir confianza, legitimidad y sostenibilidad en el tiempo.
En un país donde casi la mitad de los niños entre seis y nueve años ya tiene acceso a un celular propio, la prevención no puede esperar a que el daño ocurra. La responsabilidad empieza antes: en el diseño, en la publicidad, en la verificación de edad y en la decisión de no tratar a la infancia como un público accidental del mercado digital.
Por
Francisca Athens de la Fuente
Ex Directora de Desarrollo e Innovación Social, Pausa Responsable SpA