La minería es una industria de alta demanda operacional donde el trabajo se desarrolla bajo exigencia física, presión productiva, sistemas de turnos, aislamiento territorial y exposición constante a riesgos críticos. En este contexto, la salud mental no es un tema accesorio: influye directamente en la atención, la toma de decisiones, la coordinación de equipos y la capacidad de responder adecuadamente en faena.
En Chile, la evidencia muestra que la minería puede verse “aceptable” en indicadores agregados, pero presentar riesgos relevantes en dimensiones específicas. El informe CEAL-SM/SUSESO 2024 identificó que el 84,4% de los centros mineros presentaba carga de trabajo no óptima, el 86,3% vulnerabilidad no óptima y el 40,7% salud mental no óptima, lo que evidencia una presión estructural importante sobre el funcionamiento psicológico de los trabajadores (Superintendencia de Seguridad Social, 2024).
Además, los estudios sobre jornadas excepcionales en minería chilena muestran altos niveles de inequidad, desgaste psíquico, interferencia trabajo-familia y sobrecarga laboral, junto con niveles muy relevantes de somnolencia diurna. Esto es clave porque en minería el deterioro mental y la fatiga no solo afectan el bienestar individual, sino que pueden traducirse en errores, lentitud operativa y peor toma de decisiones en contextos donde el margen de error es mínimo (Superintendencia de Seguridad Social, 2023).
El principal riesgo operacional en minería es la fatiga sostenida. Los sistemas de turnos, las jornadas prolongadas, el aislamiento y la alta exigencia física pueden agotar progresivamente la capacidad adaptativa de los trabajadores. En el estudio chileno de SUSESO sobre jornadas excepcionales, la somnolencia diurna alcanzó entre 61% y 62%, mientras que la somnolencia excesiva llegó al 12%, cifras directamente relevantes para seguridad, desempeño y prevención de incidentes (Superintendencia de Seguridad Social, 2023).
La consecuencia operacional más crítica es el aumento del riesgo de errores humanos. El mismo informe advierte que el agotamiento de las reservas de adaptación puede aumentar equivocaciones, ralentizar la ejecución de tareas y deteriorar la toma oportuna de decisiones. En minería, esto no es teoría bonita para poner en una lámina: un error bajo fatiga puede convertirse en accidente, detención operacional o daño grave.
También existe un impacto comunitario y familiar relevante. En modalidades de trabajo prolongado, aislamiento laboral o esquemas similares a FIFO, la evidencia internacional muestra altos niveles de distrés psicológico tanto en trabajadores como en sus parejas, con cifras de 33% de trabajadores con niveles altos o muy altos de malestar psicológico y 41,3% en parejas de trabajadores jóvenes. Esto conecta directamente la operación minera con estabilidad familiar, recuperación psicológica y sostenibilidad del desempeño en el tiempo (Western Australia Mental Health Commission, 2018).
A nivel transversal, la fatiga y los problemas de sueño aumentan significativamente el riesgo de lesiones laborales. La propuesta de PR recoge evidencia que muestra un 62% más de riesgo de sufrir lesiones en trabajadores con problemas de sueño y fatiga asociados a turnos nocturnos, jornadas extensas o descanso insuficiente, además de un 37,9% de trabajadores con fatiga significativa vinculada a pérdida de productividad, errores y disminución del rendimiento diario (Uehli et al., 2014; Ricci et al., 2024).
La intervención de Pausa Responsable es relevante para minería porque no plantea la salud mental como “beneficio blando”, sino como una herramienta de control preventivo de riesgo humano en operaciones críticas. Su enfoque calza especialmente bien con faenas donde la fatiga, la presión, la regulación emocional y la toma de decisiones bajo exigencia pueden impactar directamente en seguridad, productividad y continuidad operacional.
El modelo de PR permite evaluar el nivel de riesgo psicosocial del equipo en su contexto real de operación, considerando carga emocional, fatiga mental, dinámicas de turno y exposición a situaciones críticas. Esto es particularmente útil para minería, porque permite detectar condiciones de deterioro antes de que escalen hacia errores, incidentes, licencias, conflictos o pérdida de desempeño.
Además, PR propone una intervención práctica mediante workshops definidos según el diagnóstico y las necesidades del cliente, junto con reportería para medir avances, riesgos residuales y cambios durante el proceso. En minería, esta lógica es clave porque permite pasar del discurso general de “bienestar” a una gestión concreta: identificar riesgos, intervenirlos, medirlos y convertirlos en decisiones operacionales.
Finalmente, PR puede aportar valor en minería porque sus workshops abordan directamente habilidades relevantes para operaciones críticas: descanso, manejo del estrés, regulación, toma de decisiones, identificación de límites, comunicación en crisis y primeros auxilios psicológicos. En un sector donde la fatiga y el desgaste pueden afectar seguridad y productividad, estas herramientas permiten fortalecer factores protectores antes de que el problema llegue con casco, sirena y comité de crisis.